El primer interrogante tenía como finalidad indagar qué se conocen sobre la historia de nuestra ciudad. La respuesta unánime y acertada afirmó que fue fundada por el señor Eduardo Casey. A este dato, algunos agregaron que Casey era descendiente de irlandeses, que la fecha de su fundación fue entre 1882 y 1886 (algunos respondieron correctamente el año: 1884), y que fue el propio Casey quien fue comprando estas tierras que luego repartió(¿?).
Algunos confundieron nombres importantes y representativos con el nombre del fundador. Así se hizo mención a Estrugamou, Boyle e Iturbide, también como posibles fundadores.
Otro dato conocido extendidamente sobre la ciudad es que Venado Tuerto es cuna de la Marcha de San Lorenzo. Fue aquí donde Cayetano Alberto Silva la compuso, y hoy se recuerda tal acontecimiento mediante un museo que lleva su mismo nombre.
Respecto de la historia de nuestra ciudad otras respuestas aportadas por los consultados daban cuenta de la existencia (antes de la fundación) de un fortín llamado “El Hinojo” que resguardaba a los blancos de los indígenas, que las tierras eran desérticas, que esta zona era un lugar de paso en el camino hacia las grandes ciudades, motivo por el cual comenzó a hacerse conocida y a poblarse, y que el diseño de la ciudad se efectuó en forma de damero, ubicando la plaza principal en el centro y los edificios más importantes a su alrededor.
Mucho o poco, mal o bien, estas respuestas algo dijeron. También debe aclarase que no fueron pocas aquellas que manifestaron no saber nada. Así pudieron leerse contestaciones como la siguiente: “Sinceramente no me acuerdo de nada de la historia de Venado Tuerto, ya que me la han enseñado en la primaria, y ya no recuerdo nada”.
La segunda pregunta hacía referencia al origen del nombre “Venado Tuerto”. Aquí la respuesta es una, compartida por el común de los encuestados pero con algunos matices. Todos hablan de una o tres leyendas, que “te cuentan las maestras en preescolar” y algunos se animan a admitir: “conozco el cuentito del venado”, o “se la historia más común”.
A esta leyenda cada uno le imprime rasgos particulares. El relato simplificado habla de un venado al que los indios hirieron en un ojo y que ayudaba a quienes habitaban en los fortines, avisando de la llegada del malón. Algunos pocos dicen que el venado avisaba a los indios de la llegada de otros indios y otros hablan de los venados como fauna autóctona del lugar que se asustaban cuando llegaba el malón y al acercarse a los lugares habitados (los fortines) servían como señal de que lo indios se aproximaban.
La última pregunta se proponía evaluar el conocimiento respecto de libros, relatos o historiadores de nuestra ciudad. “Ninguno”, o “No conozco libros ni historiadores” fueron las respuestas más habituales entre los consultados. Algunos afirmaban haber tenido contacto con algún libro sobre la historia de nuestra ciudad, pero no podían precisar quiénes eran los autores ni cómo se llamaba ese texto. Entre quienes se animaron a mencionar historiadores, tres nombres se repitieron: Roberto Landaburu, José Favoretto y Mirley Avalis.
Este pequeño relevamiento nos permitió ver que gran parte de lo que se sabe sobre la historia de nuestra ciudad se basa en una leyenda. Pero ¿qué es una leyenda y qué aporta al conocimiento histórico de un lugar?
Una leyenda es una narración que puede ser tanto oral como escrita, que suele presentar elementos imaginativos y que generalmente quiere hacerse pasar por verdadera o ligada a algún elemento de la realidad. Se transmite de generación en generación, casi siempre de forma oral, y con frecuencia son transformadas con supresiones, añadidos o modificaciones.
Analizar el origen latín de la palabra leyenda resulta sumamente revelador, pues leyenda viene del latín legenda que significa «lo que debe ser leído». En ellas, la precisión histórica pasa a un segundo plano para resaltarse la intención moral o espiritual de cada época. Y puede decirse que fue eso lo que sucedió con la explicación del nombre de nuestra ciudad. La leyenda del venadito tuerto funcionó perfectamente como aquello que desde un Estado Nacional se quería inculcar respecto de la relación entre blancos e indios, respecto de un espacio ganado al desierto y de un proyecto que venía desde arriba y se insertaba en la necesidad de extender el sentimiento de Nación. La transmisión de la leyenda del venado, más que una intención moral o espiritual, tuvo una intención política: homogeneizar, construir un todo nacional que sepultara las diferencias originarias.
Las respuestas antes leídas pueden hacernos pensar que en gran parte el objetivo se cumplió. Lo que se sabe hoy sobre la historia de Venado Tuerto mucho tiene que ver con este relato oral. El desinterés por la historia, por nuestra historia, las preocupaciones ¿superficiales? de nuestros tiempos, también ayudan. Debe admitirse, que cualquier cuentito es más fácil de repetir y explicar que los múltiples y muy variados condicionantes históricos de toda una etapa de construcción.
Cecilia Alvado
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